Carta al Podenco

montes

 

Texto: Manuel Pedrosa.                                           

Fotos: Autor.

En esta andadura que comienzo como bloger, pienso hablar del Campo, de la Caza Tradicional y sobre todo de los Podencos Andaluces, que son mi pasión. Es por ello que comienzo esta retahila con el mismo texto que hace ya casi diez años, comencé mi libro 'El Podenco Andaluz en la Caza Menor'. Este texto, casi diría que aunque fué vertido en el folio en blanco por mi mano, lo escribió mi padre, pues cuando lo transcribía, sentía la extraña sensación de que fué el, que ya por entonces no estaba entre nosotros, quien me lo dictaba. Procuré usar su manera de expresarse y su pasión por la caza y los perros.

 

              Estimado Amigo:

             Hoy viernes 27 de Mayo de 2005, mientras veo atardecer desde el porche de mi casa, en plena sierra cordobesa, no muy lejos de las perreras donde dormitan algunos de tus congéneres, me dispongo a empezar a saldar una vieja cuenta que tengo contigo. Cuenta que comparto con otros muchos cazadores, campesinos y andaluces de distintas aficiones y vocaciones. Escribiendo estas líneas, dedicadas por completo a ti, no hago sino poner un granito de agradecimiento por todos los buenos ratos que te debemos mis antepasados y yo. Y algo más que buenos ratos de caza y compañía. Como un día me dijo Manuel Lobo, sevillano él, quizás una de las personas que mejor te han entendido a ti a y los tuyos, en el centro de Sevilla debiera haber un monumento al Podenco y al Conejo por todo el hambre que han quitado en la Andalucía de los tiempos malos.

             Hoy ya son otros tiempos y el cazador que te lleva al campo, va pertrechado de buena escopeta, bastantes cartuchos y un todo terreno que lo acerque a los manchones para divertirse contigo. Pero hubo otros días, donde la esperanza de aportar carne al perol eran tus dientes, tus pies y tu prodigioso olfato. Y uno, que ya ha doblado la vida por la mitad y ha visto y vivido ese cambio, no olvida como algunos jornaleros que no habían tenido la suerte de procurarse un jornal por la mañana en la plaza del pueblo, cogían sus podenquillos, finos de trabajo y hambre, sujetos con mugrientas guitas de pita o esparto y con expresión triste, tomaban camino del monte encomendándose para comer ese día al prodigio de tu instinto. Y dicen hoy muchos cazadores, que uno de tus defectos es que coges la pieza sin permitir el disparo. ¡Que veletas somos los hombres! Cientos de años pidiéndote que cojas el conejo y ahora que lo dejes correr.

             Siempre fuiste parco en el comer, hasta el punto que, hoy día, el cazador que cansado de modas extranjeras vuelve a adoptarte como compañero de campo, se extraña de lo que poco que comes y piensa que estas enfermo y sin apetito. Quizás no sepa que lo que tiene ahora como compañero, es una astilla del tronco inmortal de la España de hidalgos famélicos.

            Hace poco te han dado papeles, te han reconocido como raza y admitido tu inscripción en el Libro de Orígenes. Bendita la falta que te hacen los papeles. A ti, que llevas miles de años entre nosotros, que eres consustancial con nuestra tierra como lo es el toro bravo o el caballo de tronío. Pero bueno, hoy día hay que ponerlo todo por escrito. Antes valía que tu compadre te dijera -Aquí tienes esta perrilla que es hija de la “Pimienta” y del “Romero”, los dos mejores podencos que campean por la provincia- Y ahí quedaba eso.

             El español es único para ponderar lo que viene de fuera y menospreciar lo que tiene en casa, pero tu sabes que las cosas vienen a su sitio por su propio pié. Y tantos siglos pisando nuestras sierras y campiñas serán por algo, digo yo. Quien va a conocer mejor nuestros arroyos, dehesas, umbrías y solanas. Como un extranjero va a saber mejor que tu donde se encama la rabona en el mes de Diciembre con las “peluas”, o donde andan las perdices cuando caen las primeras lluvias del otoño. No te rías con tu porte de dios egipcio y las orejillas mirando al cielo.

             Como diría un torero con gesto serio antes de empezar la faena….”Va por usted, Maestro”.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar