Caza y Tradición

Texto: Luis García.

Fotos: Autor.

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Como en otros órdenes de la vida, las formas, en la caza, tienen su porqué y su importancia. Esto es algo que uno normalmente comienza a comprender cuando el cuero de su canana anda ya charolado de temporadas. La permanencia de ciertas maneras a la hora de cazar se llama tradición y el paso de los años la respeta y va embelleciendo sus perfiles. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Claro que siempre los habrá que, por exceso de juventud, de ignorancia – o de las dos cosas juntas-, no aprecien su refinado gusto, la elegancia que esconde, el grato buqué que deja en el paladar de la memoria mantener determinados modos a la hora de salir de cacería. Allá ellos.

Cierto es que no todas las tradiciones merecen igual respeto, pues algunas responden a la sacralización de un acto estúpido, como pueden ser los noviazgos de las monterías; y otras, al necio interés del que la practica en adscribirse o en permanecer en una falsa élite de cuna o de fortuna. No quiero hablar aquí de este tipo de tradiciones, sino de otras de más sutiles y propias de la caza menor. Ya habrá tiempo de hablar de la mayor.

El añadido placer que es poner el acento en la tradición es algo que descubrí hace relativamente pocos años y de la mano de dos grandes cazadores y amigos. Ellos me enseñaron que, en muchas ocasiones, “menos es más” y que parar el vuelo de una perdiz con una vieja paralela de mediados del siglo pasado proporciona un placer añadido al que se sentiría, en ese mismo lance, si disparáramos con una moderna semiautomática. De su mano aprendí que hay vida más allá del calibre 12, que nuestros padres y abuelos cazaban con un calibre magnífico y letal como es el calibre 16, capaz de hacer diabluras inimaginables con sus 28 gramos de carga nominal; que el calibre 20 también existe, que es mentira que sea un calibre para niños y damas; que ciertas escopetas yuxtapuestas y superpuestas fabricadas por artesanos españoles de mediados del siglo pasado atesoran un saber hacer y un buen gusto que en nada tiene que envidiar a las más finas yuxtapuestas inglesas.

caza y tradicin 1

En los tiempos que corren, con nuestra perdiz roja y nuestras liebres boqueando por el uso indiscriminado de productos químicos en la agricultura, y con el conejo en horas bajas por la nueva cepa de la vírica, se impone más que nunca la mesura y el sentido común a la hora de cazar. Una manera de ayudar a una y a otro sería desvistiendo de modernidad nuestro equipo, restándole, por ejemplo, la discutible eficacia del tercer tiro de las semiautomáticas; también echaríamos una mano utilizando calibres más pequeños que el doce, que al cerrar un poco más el tiro, exigen una mayor destreza al cazador; o escatimando un poco los cartuchos, no disparando sobre piezas en el límite o fuera de tiro, tal y como lo hacían nuestros abuelos cuando los cartuchos eran un lujo a dosificar. En definitiva, cazando de una manera más tradicional, más cabal y más honrada con el campo.

caza y tradicin 2

Seguir ciertas tradiciones – aquellas, ya digo, que merecen la pena- es la mejor forma de ponerle mesura a la excesiva eficacia con la que en ocasiones se viste la tecnología; también es una manera elegante de conducirse en el monte y en la vida, de mostrarle respeto al campo y de honrar la nostalgia de otros tiempos y el recuerdo de aquellas personas de las que heredamos esta impagable pasión que es la caza.

Comentarios   

#1 devenir Rentier 25-10-2016 10:18
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