Selección de un buen Campo para Pruebas de Podencos


140 2 Texto: Manuel Pedrosa.

Fotos: Archivo.      

He asistido a numerosas pruebas de podencos, tanto actuando como juez de una prueba oficial, como, otras veces, de manera informal, para evaluar las cualidades de algún perro en concreto perteneciente a algún amigo, o que este estuviera interesado en adquirirlo. Como quiera que, normalmente, el campo donde se desarrolla dicha prueba no lo elijo yo, bien porque sea el único posible, o porque es el cuartel que toca en sorteo en un campeonato, o porque es el campo donde habitualmente caza el paisano que quiere probar el perro, me he venido muchas veces del campo con la sensación de que no se ha visto convenientemente al perro o a los perros que se trataba de evaluar.

Se da la creencia de que cuanto más dificultad orográfica presente el campo donde se va a desarrollar la prueba, mejor para evaluar las dotes de caza del animal. Por ejemplo, un gran barranco de zarzas colgantes, con tajos y escasos pasadizos entre el matorral, puede dar la sensación de que el perro que ahí triunfa es el mejor en cualquier otro terreno. Es como si para evaluar al mejor maestro albañil, la prueba consistiera en subirlo al andamio más alto y complicado. Tampoco quiero decir con este símil que no sea bueno ver el perro o los perros en un terreno de esos, que lo es, sino que lo que estamos evaluando ahí es la valentía – y muchas veces insensibilidad al dolor de las caricias de las zarzas - del perro, no su habilidad como cazador, estilo, capacidad de rastro, etc. Por otro lado, normalmente, la visibilidad de los perros en esas zonas suele ser muy limitada, por lo que tampoco podemos asignar con seguridad los levantes de piezas, latidos al rastro u otras señales de calidad, a un perro determinado, si van más de uno, como suelen ir en un campeonato, a no ser que conozcamos muy bien a cada perro participante, que no suele ser el caso.

Tampoco un terreno excesivamente ralo y llano es el ideal para evaluar un perro de las características de un podenco, como el lector habrá pensado. Y menos aún si tiene abundancia de piezas, que esa es otra, la densidad ideal de caza para probar un perro bien probado ¿debe ser alta, escasa o media?

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 El tiempo de que disponemos y como enfocar la prueba.

Antes de describir el terreno ideal para una prueba, hablemos un poco del tiempo disponible para la misma. Cuanto más tiempo dispongamos, mejor. A ser posible una variada jornada de caza sería lo ideal e incluso más de una, aunque esto es una utopía, pero un perro puede ser muy bueno en ciertos terrenos y bajo ciertos condicionantes, como la humedad ambiente o el clima más o menos frío o caluroso y ser nefasto en otras condiciones. O también dar una hora o dos buenas y venirse abajo descaradamente al término de estas. Como mínimo entre una y dos horas es el tiempo necesario para ver un grupo de podencos con cierto margen para dilucidar cual se portó mejor ese día (¡Ojo!, que no es lo mismo que decir cual es el mejor en términos absolutos).

Como bien saben los aficionados a los podencos, si estos son como tienen que ser, suelen tener una salida fuerte. Si queremos probar bien un perro en un espacio de tiempo entre una y dos horas, que suele ser el disponible, por ejemplo en una prueba oficial de podencos, soltémosles primero en un terreno duro y con buena densidad de caza, que puede ser un barranco con un arroyo de zarzas o carrizos en su cauce. Un perro de acoso se agota más cuantas más piezas corre en un espacio de tiempo, mucho más que si sigue a una sola pieza durante el mismo intervalo.

En esa primera etapa, en terreno duro y con densidad, que puede durar entre un cuarto de hora y veinte minutos, no debemos tomar muchas referencias de las cualidades del perro o perros que estamos viendo, porque el principal objetivo es que desfoguen. Aunque si podemos anotar datos negativos, como el hecho de que un perro, estando fresco, rehuse entrar a la espesura. O algún dato esporádico como el  de que un perro siga un conejo por sus pasos, en terreno relativamente limpio.  Una vez que el perro se ha ‘templado’ saquémosle a un terreno de menor densidad de piezas y algo más limpio, donde veremos sus verdaderas cualidades, su estilo, su templanza y constancia en la búsqueda, las señales que emite, como su movimiento corporal, latido, rabeo,..el control y jerarquia que tiene el dueño sobre el perro, si lo saca con normalidad de la zona densa de caza y lo pone ‘a la mano’, cazando para la escopeta en terreno más abierto y menos abundante en caza, si se perturba con la presencia de perros extraños o caza tranquilo y concentrado, así como su capacidad para encontrar, levantar y seguir la caza. Si por el contrario, empezamos la prueba en terreno despoblado de vegetación, habiendo relativamente cerca un terreno más espeso y donde por lógica se refugia más caza, lo más normal es que la mayoría de los podencos salgan escopeteados para dicha zona, quedándonos ‘sin perros’ como se suele decir.

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 El terreno ideal.

Por tanto, para el desarrollo de una prueba de estas características, nada mejor que un cerro de monte no muy alto, aunque con zonas más espesas que otras, bordeado por un arroyo o barranco con matorral duro e importantes desniveles. De forma que podamos comenzar la prueba en dicho arroyo, lo que haría incluso que muchos conejos abandonaran la seguridad del matorral del barranco, repechando ladera arriba, donde desarrollaremos luego la parte central de la prueba, con más visibilidad, una vez los perros hayan desfogado y donde el que los juzga hará la mayoría de las anotaciones con los podencos bien a la vista, pudiendo al finalizar la prueba volver a bajar al arroyo para ver el comportamiento de los canes otra vez en terreno duro, cuando ya llevan un tiempo moviéndose y puede afectarles algo la fatiga.

Esta disposición, permite también que el público que observe la prueba, a la otra margen del arroyo pueda ver la actuación de los perros tanto cuando estos están cazando el arroyo, que los tendrían a sus pies, en la margen contraria a donde están jueces y propietarios, como cuando estén en la ladera del cerro, de altura superior o igual a donde el publico está situado y enfrente de este.

Esta alternancia deseada de terreno duro y visible también se puede dar en un arroyo hendido en un llano, que no tenga matorral ni árboles de altura, como puedan ser cañas grandes, tarajes o álamos, que impidan la visibilidad de un lado a otro del arroyo. Y ya puestos a pedir, que el recorrido de dicho arroyo que vamos a cazar alterne zonas de matorral duro, preferentemente zarzas o carrizos, con otras de monte, para cumplir el desarrollo que hemos descrito más arriba, a la vez que proporcionar visibilidad a los espectadores, a los que dejaremos siempre una sola de las márgenes, ocupando jueces y propietarios la otra zona o ambas. Por último, pensar que el terreno mas desfavorable para ver un buen podenco, aparte del tema de la orografía, es aquel que tiene excesivas madrigueras, pues ahí el conejo entra y sale de continuo, permaneciendo ojo avizor y sin encamarse, proporcionando carreras excesivamente cortas y tendiendo a encerrarse por delante del avance de los perros sin que estos lleguen a poder acosarlos.

 



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